jueves, 12 de abril de 2012

La batalla de Morbihan: El fin de la Armórica gala

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Transcurría el año 56 a.C. y, cuando Julio César creía ya pacificada la Galia, los vénetos (Vannes), apoyados por los osismos (Finis Terrae), lexovios, námnetes (Nantes), ambiliatos, mórinos, diablintes, menapios y britanos (venidos del otro lado del estrecho) se levantan contra el poder de Roma apoyados en la situación tan especial de sus ciudades costeras y en la superioridad de sus navíos en aguas atlánticas. Las fuerzas de César se quedaron en tierra viendo la tremenda batalla naval que se desarrollaba en el golfo de Morbihan, mientras la flota romana, comandada por Décimo Junio Bruto Albino (que no el “gallego”) trataba de destruir la flota de aquellos celtas insolentes. Dejemos que sea el propio Julio César, cronista de excepción y testigo presencial, quien nos cuente la batalla:

VII Después de estos sucesos, cuando todo le persuadía a César que la Galia quedaba enteramente apaciguada, por haber sido sojuzgados los belgas, ahuyentados los germanos, vencidos en los Alpes los sioneses; y como en esa confianza entrado el invierno se partiese para el Ilírico con deseo de visitar también estas naciones y enterarse de aquellos países, se suscitó de repente una guerra imprevista en la Galia, con esta ocasión: Publio Craso el mozo, con la legión séptima, tenía sus cuarteles de invierno en Anjou, no lejos del Océano. Por carecer de granos aquel territorio, despachó a las ciudades comarcanas algunos prefectos y tribunos militares en busca de provisiones. De éstos era Tito Terrasidio enviado a los únelos, Marco Trebio Galo a los curiosolitas, Quinto Velanio con Tito Silio a los vanes es.

VIII. La república de estos últimos es la más poderosa entre todas las de la costa, por cuanto tienen gran copia de navíos con que suelen ir a comerciar en Bretaña. En la destreza y uso de la náutica se aventajaban éstos a los demás, y como son dueños de los pocos puertos que se encuentran en aquel golfo borrascoso y abierto, tienen puestos en contribución a cuantos por él navegan. Los vaneses, pues, dieron principio a las hostilidades, arrestando a Silio y Velanio, con la esperanza de recobrar, en cambio, de Craso sus rehenes. Movidos de su ejemplo los confinantes (que tan prontas y arrebatadas son las resoluciones de los galos) arrestan por el mismo fin a Trebio y Terrasidio, y al punto con recíprocas embajadas conspiran entre sí por medio de sus cabezas, juramentándose de no hacer cosa sino de común acuerdo, y de correr una misma suerte en todo acontecimiento. Inducen igualmente a las demás comunidades a querer antes conservar la libertad heredada que no sufrir la esclavitud de los romanos. Atraídos en breve todos los de la costa a su partido, despachan de mancomún a Publio Craso una embajada, diciendo: «que si quiere rescatar los suyos, les restituya los rehenes».

IX. Enterado César de estas novedades por Craso, como estaba tan distante, da orden de construir en tanto galeras en el río Loire, que desagua en el Océano, de traer remeros de la provincia, y juntar marineros y pilotos. Ejecutadas estas órdenes con gran diligencia, él, luego que se lo permitió la estación, vino derecho al ejército. Los vaneses y demás aliados, sabida su llegada y reconociendo juntamente la enormidad del delito que cometieron en haber arrestado y puesto en prisiones a los embajadores (cuyo carácter fue siempre inviolable y respetado de todas las naciones), conforme a la grandeza del peligro que les amenazaba, tratan de hacer los preparativos para la guerra, mayormente todo lo necesario para el armamento de los navíos, muy esperanzados del buen suceso por la ventaja del sitio. Sabían que los caminos por tierra estaban a cada paso cortados por los pantanos; la navegación, embarazosa por la ninguna práctica de aquellos parajes y ser muy contados los puertos. Presumían además que nuestras tropas no podrían subsistir mucho tiempo en su país por falta de víveres, y pensaban que aun cuando todo les saliese al revés, todavía por mar serían superiores sus fuerzas; pues los romanos ni tenían navíos ni conocimiento de los bajíos, islas y puertos de los lugares en que habían de hacer la guerra; además, que no es lo mismo navegar por el Mediterráneo entre costas, (60) como por el Océano, mar tan dilatado y abierto. Con estos pensamientos fortifican sus ciudades, transportan a ellas el trigo de los cortijos, juntan cuantas naves pueden en el puerto de Vanes, no dudando que César abriría por aquí la campaña. Se confederan con los osismios, lisienses, nanteses, ambialites, merinos, dublintes, menapios, y piden socorro a la Bretaña, isla situada enfrente de estas regiones.

X. Tantas como hemos dicho eran las dificultades de hacer la guerra, pero no eran menos los incentivos que tenía César para emprender ésta: el atentado de prender a los caballeros romanos; la rebelión después de ya rendidos; las deslealtad contra la seguridad dada con rehenes; la conjura de tantos pueblos, y sobre todo el recelo de que si no hacía caso de esto, no siguiesen su ejemplo otras naciones. Por tanto, considerando que casi todos los galos son amibos de novedades, fáciles y ligeros en suscitar guerras y que todos los hombres naturalmente son celosos de su libertad y enemigos de la servidumbre, antes que otras naciones se ligasen con los rebeldes, acordó dividir en varios trozos su ejército distribuyéndolos después por las provincias.

XI. Con este fin envió a los trevirenses, que lindan con el Rin, al legado Tito Labieno con la caballería, encargándole visitase de pasada a los remenses y demás belgas, y los tuviese a raya; que si los germanos, llamados, a lo que se decía, por los belgas, intentasen pasar por fuerza en barcas el río, se lo estorbase. A Publio Craso, con doce cohortes de las legiones y buen número de caballos, manda ir a Aquitania para impedir que de allá suministren socorros a la Galia, y se coliguen naciones tan poderosas. Al legado Quinto Triturio Sabino, con tres legiones, envía contra los únelos, curiosolitas y lisienses (61) para contenerlos dentro de sus límites. Da el mando de la escuadra y de las naves que hizo aprestar del Poitu, del Santonge y de otros países fieles, al joven Décimo Bruto, con orden de hacerse cuanto antes a la vela para Vannes, adonde marchó él mismo por tierra con la infantería.

XII. Estando, como están, aquellas poblaciones fundadas sobre cabos y promontorios, ni por tierra eran accesibles en la alta marea que allí se experimenta cada doce horas ni tampoco, por la mar en la baja, quedando entonces las naves encalladas en la arena. Con que así por el flujo, como por el reflujo, era dificultoso combatirlas; que si tal vez a fuerza de obras, atajado el mar con diques y muelles terraplenados hasta casi emparejar con las murallas, desconfiaban los sitiados de poder defenderse, a la hora teniendo a mano gran número de bajeles, embarcábanse con todas sus cosas y se acogían a los lugares vecinos, donde se hacían fuertes de nuevo, logrando las mismas ventajas en la situación. Esto gran parte del estío lo podían hacer más a su salvo, porque nuestra escuadra estaba detenida por los vientos contrarios, y era sumamente peligroso el navegar por mar tan vasto y abierto, siendo tan grandes las mareas y casi ningunos los puertos.

XIII. La construcción y armadura de las naves enemigas se hacía por esto en la forma siguiente: las quillas algo más planas que las nuestras, a fin de manejarse más fácilmente en la baja marea; la proa y popa muy erguidas contra las mayores olas y borrascas; maderamen todo él de roble capaz de resistir a cualquier golpe de viento; los bancos de vigas tirante de un pie (62) de tabla, y otro de canto, clavadas con clavos de hierro gruesos como el dedo pulgar. Tenían las áncoras, en vez de cables, amarradas con cadenas de hierro, y en lugar de velas llevaban pieles y badanas delgadas, o por falta de lino, o por ignorar su uso, o lo que parece más cierto, por juzgar que las velas no tendrían aguante contra las tempestades deshechas del Océano y la furia de los vientos en vasos de tanta carga. Nuestra escuadra viniéndose a encontrar con semejantes naves, sólo les hacía ventaja en la ligereza y manejo de los remos. En todo lo demás, según la naturaleza del golfo y agitación de sus olas, nos hacían notables ventajas; pues ni los espolones de nuestras proas podían hacerles daño (tanta era su solidez), ni era fácil alcanzasen a su borde los tiros por ser tan altas, y por la misma razón estaban menos expuestas a varar. Demás de eso, en arreciándose el viento, entregadas a él, aguantaban más fácilmente la borrasca, y con mayor seguridad daban fondo en poca agua; y aun quedando en seco, ningún riesgo temían de las peñas y arrecifes, siendo así que nuestras naves estaban expuestas a todos estos peligros.

XIV. César, viendo que si bien lograba apoderarse de los lugares, nada adelantaba, pues ni incomodar podía a los enemigos ni estorbarles la retirada, se resolvió a aguardar a la escuadra. Luego que arribó ésta y fue avistada de los enemigos, salieron contra ella del puerto casi doscientas veinte naves, bien tripuladas y provistas de toda suerte de municiones. Pero ni Bruto, director de la escuadra, ni los comandantes y capitanes de los navíos sabían qué hacerse, o cómo entrar en batalla, porque visto estaba que con los espolones no podían hacerles mella; y aun erigidas torres encima, las sobrepujaba tanto la popa de los bajeles bárbaros, que sobre río ser posible disparar bien desde abajo contra ellos, los tiros de los enemigos, por la razón contraria, nos habían de causar mayor daño. Una sola cosa prevenida de antemano nos hizo muy al caso, y fueron ciertas hoces bien afiladas, caladas en varapalos a manera de guadañas murales. Enganchadas éstas una vez en las cuerdas con que ataban las entenas a los mástiles, remando de boga, hacían pedazos el cordaje; con ello caían de su peso las vergas, por manera que consistiendo toda la ventaja de la marina galicana en velas y jarcias, perdidas éstas, por lo mismo quedaban inservibles las naves. Entonces lo restante del combate dependía del valor, en que sin disputa se aventajaban los nuestros, y más, que peleaban a vista de César y de todo el ejército, sin poder ocultarse hazaña de alguna cuenta, pues todos los collados y cerros que tenían las vistas al mar estaban ocupados por las tropas.

XV. Derribadas las entenas en la forma dicha, embistiendo a cada navío dos o tres de los nuestros, los soldados hacían el mayor esfuerzo por abordar y saltar dentro. Los bárbaros, visto el efecto, y muchas de sus naves apresadas, no teniendo ya otro recurso, tentaron huir por salvarse. Mas apenas enderezaron las proas hacia donde las conducía el viento, de repente se les echó y calmó tanto, que no podían menearse ni atrás ni adelante; que fue gran ventura para completar la victoria, porque, siguiendo los nuestros al alcance, las fueron apresando una por una, a excepción de muy pocas, que sobreviniendo la noche, pudieron arribar a tierra, con ser que duró el combate desde las cuatro del día (63) hasta ponerse el Sol.

XVI. Con esta batalla se terminó la guerra de los vaneses y de todos los pueblos marítimos; pues no sólo concurrieron a ella todos los mozos y ancianos de algún crédito en dignidad y gobierno, sino que trajeron también de todas partes cuantas naves había, perdidas las cuales, no tenían los demás dónde guarecerse, ni arbitrio para defender los castillos. Por eso se rindieron con todas sus cosas a merced de César, quien determinó castigarlos severísimamente, a fin de que los bárbaros aprendiesen de allí adelante a respetar con mayor cuidado el derecho de los embajadores. Así que, condenados a muerte todos los senadores, vendió a los demás por esclavos.
Julio César: De Bello Gallico. Libro III

domingo, 4 de marzo de 2012

Hermanamientos entre Galicia y Bretaña

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Si las relaciones entre Galicia y Bretaña han sido importantes desde tiempos prehistóricos, las facilidades de comunicación de nuestro mundo actual ha favorecido aún más estos contactos culturales y económicos. Sus singularidades políticas y sus similaridades culturales están siendo resaltadas día a día, como lo demuestran los diferentes acontecimientos económico y culturales que se repiten a lo largo del año. Estas fraternales relaciones quedan recogidas también en los numerosos hermanamientos existentes entre localidades gallegas y bretonas. Aunque no sabemos con certeza cuál es ese número, valga como muestra esta relación no exhaustiva que recogemos a título de ejemplo:


Concarneau, villa hermanada con Burela

  • Concarneau               Burela
  • Dinan                         Lugo
  • Geneston                   Covelo
  • Guerledan                  Sarria
  • Lannion                     Viveiro
  • Les Gavres                Corcubión
  • Lege                          As Neves
  • Lesneven                   As Pontes
  • Loctudy                     Ribadeo
  • Lorient                       Vigo
  • Mont St Michel         Cambados
  • Paimpont                   Cedeira
  • Plougonvelin              Fisterra
  • Plouha                       Palas de Rei
  • Plounevez Quentin    Castro de Rei
  • Pornic                        Baiona
  • Quimper                    Ourense
  • Tregastel                   Foz
  • Treguier                     Mondoñedo
  • Rennes                      Santiago de Compostela

Treguier, ciudad hermanada con Mondoñedo.


viernes, 2 de marzo de 2012

La Bretaña al natural

Pantalla completa, altavoces a tope... y a disfrutar, ¡porque así es nuestra querida Bretaña!


miércoles, 29 de febrero de 2012

José Cerdeira: Los recintos parroquiales de Bretaña

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Recinto parroquial de Guimiliau

Predicen los mejores agüeros que, pasado Beltane, los gallegos amigos de la cultura celta nos reuniremos en la Bretaña francesa. Y Bretaña no es un sitio cualquiera. Como Galway o San Andrés de Teixido, Bretaña es un lugar que imprime carácter. Quienes la hemos hollado, nunca podremos olvidarla. Hay algo en ella que nos parece familiar. Cierto, cualquier sitio con lluvia y con  toxos me recuerda a mi tierra. Pero en Bretaña hay algo más, algo que está en el espíritu de las cosas y de las gentes, algo que te engaña y te confunde haciéndote creer que ya habías estado allí anteriormente. Bretaña es uno de esos sitios que no te dejan indiferente. Prepárate porque… Beltane está ya próximo.


La primavera es la mejor época para visitar Bretaña. Es entonces cuando las tierras onduladas de la zona, frecuentemente envueltas en brumas y siempre regadas por lluvias abundantes, se cubren de un verde manto de vida, salpicado aquí y allá por las manchas amarillas de las flores de los toxos y de las xestas. Sus límpidos arroyos de aguas turbulentas zigzaguean hasta formar ríos caudalosos, aunque siempre cortos, y los viejos robles, cubiertos de líquenes y musgo, parecen revivir del largo y duro invierno. Las costas recortadas se hacen mar en una explosión de agua y espuma y las gaviotas, de colores blancos y grises, sobrevuelan los pequeños barcos de pesca en busca de su alimento cotidiano. Bretaña es mar y tierra, verdes y azules fundidos en infinitas tonalidades, húmedos bosques y gente… ¡ah!, ¿nos habíamos olvidado de sus gentes?

Cuando los romanos llegaron a estas tierras, sus habitantes tuvieron que retirarse hacia las zonas más inaccesibles y aisladas. Aquí, como en un preludio de lo que sería las aldeas galas de los geniales Goscigny y Uderzo, resistieron heroicamente la imposición cultural y consiguieron mantener sus viejas tradiciones, sus creencias y su lengua. Siglos más tarde, cuando saxos y anglos desembarcaron en Gran Bretaña y, de este a oeste, se fueron apoderando de la isla, sus habitantes fueron empujados hacia el mar occidental y tuvieron que refugiarse en los finisterres de Escocia, Gales, Cornualles… o embarcarse camino de Irlanda, Galicia (recordemos Britonia, en Lugo) y, sobre todo, hacia el finisterre galo al que bautizaron como Bretaña. Aquí, en estas tierras de acogida, encontraron hermanos de lengua y cultura con los que se fusionaron y con los que formaron una identidad política y cultural, Breizh, que daría lugar al reino de Bretaña, convertido más tarde en el ducado del mismo nombre.

Cuando el viajero recorre los accidentados caminos de Bretaña, se adentra inexorablemente en la vieja cultura celta. Aquí y allá aparecen las grandiosas piedras inhiestas, como el increíble alineamiento de Carnac con sus 2.934 mehires, las antiguas leyendas artúricas, reforzadas por la llegada de los celtas de Gran Bretaña, el amor por sus tierras y sus bosques, la admirable convivencia con la muerte y las cruces de los caminos.

Aunque la Bretaña francesa acabó perdiendo su autonomía política y fusionándose en el poderoso reino franco, su integración cultural nunca fue tan fuerte. Sus difíciles comunicaciones con el continente y la profunda convivencia con el mar a la que le obligaban sus 1.200 kilómetros de costa, le permitieron desarrollar una economía propia que alcanzó su apogeo con el negocio del lino y del esparto, entre los siglos XVI y XVII. Su comercio fue tan importante que, en los siglos mencionados, la lengua bretona era una lengua franca tan importante internacionalmente como el propio inglés o el español. Fruto de esa riqueza generada por el comercio textil fue el engrandecimiento de villas y ciudades que rivalizaron entre sí en la construcción de nuevos edificios y de grandioso y bellísimos monumentos religiosos.

Habíamos mencionado las cruces de piedra en las intersecciones de los caminos. Con la llegada del cristianismo, estas cruces fueron tomando un simbolismo religioso y se fueron acercando a los pueblos y a las iglesias. En sus costados aparecieron las efigies de cristo crucificado y la de su madre, la virgen María, en posiciones diversas como vemos en nuestros viejos cruceiros gallegos. Sin embargo, la riqueza de las villas bretonas las condujo a rivalizar en la grandiosidad de estas primeras cruces que, poco a poco, se fueron convirtiendo en calvarios completos, escenas en las que no sólo aparecía Cristo crucificado sino también los dos ladrones y todos los personajes que la Biblia y la iconografía tradicional mencionan como presentes en el acto de la crucifixión. Nacía así el “enclos paroissial”, el conjunto monumental más típico de las villas bretonas.

Quien no ha visto los admirables calvarios bretones, no ha visto Bretaña. Los conjuntos de St-Thégonnec, Guimiliau, Lampaul-Guimiliau, Pleyben, Commana, Plougastel-Daoulas y tantos más incitan a largas discusiones sobre las cualidades de uno y otro, sobre cual destaca sobre sus vecinos, sobre cual es el más rico y refinado de todos. Pero, antes de iniciar la discusión, demos un somero repaso a los elementos fundamentales de estos conjuntos y a su estructura básica.

Como es lógico, estos conjuntos parroquiales se construyen al lado de una iglesia, la iglesia parroquial, que forma, por tanto, el primer elemento del conjunto. Al lado de la iglesia, en lo que podría ser el atrio, suele haber un pequeño cementerio, con sus viejas tumbas de labradas lápidas de granito. Claro que, al ser el espacio insuficiente, en algún momento tiene que aparecer el osario, el sitio a donde llevar las cenizas de los difuntos cuyo espacio es necesario para los nuevos enterramientos, y que constituye el tercer elemento del conjunto.

Por supuesto, está también el lugar del crucero, aquí sustituido por todo un conjunto de cruces y figuras que forman un “calvario” entero. Los calvarios son una explosión artística de los viejos menhires celtas, ahora fundidos con las cristianizadas cruces de los caminos, que se han convertido en auténticas biblias de piedra para los iletrados de la época. Los personajes representados, a veces más de doscientos, se agrupan sin un orden concreto, más bien a criterio de la inspiración del artista, formando unos grupos abigarrados de figuras entre las que aparecen tanto los personajes bíblicos como los santos locales. Tendremos que repetirlo, quien no ha visto un calvario, no ha visto Bretaña.

Todos los elementos descritos suelen estar rodeados por un muro perimetral que marca el “témenos” o recinto sagrado. Quedan, claro está, los accesos, muchas veces en forma de puertas monumentales que, para marcar la separación con el mundo exterior, suelen ir precedidas de una breve escalinata. Estas puertas, sumamente decoradas, conforman una especie de pasaje al más allá, una conexión del mundo de los vivos con el de los muertos, unos mundos que en ningún lado están tan próximos como en la cultura celta.

Más allá de los pueblos, está el paisaje, un paisaje verde y brumoso, de amplias praderas y angostos caminos. En Bretaña, las montañas son suaves, la ganadería abundante, los bosques umbríos y misteriosos. En primavera, los robledales recuperan su vigor ancestral, y los druidas, con sus hoces de oro, parecen deambular en su espesura en busca del mágico muérdago, recitando antiguos ensalmos de vida y de muerte. En los claros, como hitos de otros tiempos, pueden verse viejos bolos graníticos, a veces de color rosa, y grandes piedras derechas que alcanzan su paroxismo en el extenso bosque pétreo de Carnac.

Ciertamente, la entrada en la Bretaña francesa puede ser equívoca. Al menor descuido, el viajero se cree estar en cualquier finisterre gallego, rodeado de erosionados roquedos graníticos y de lujuriantes bosques de los que parecen salir lamentos de ninfas prisioneras y de espíritus caminantes deambulando en forma de santa compaña. Sí, no hay duda, la Bretaña francesa es un asunto de familia.

domingo, 16 de octubre de 2011

El legado celta



Los celtas milenarios 'han resucitado'. Un poblado en Porto do Son (A Coruña) es el asentamiento en el que la productora Explora Films ha dado vida a una cultura que sucumbió bajo las botas de los soldados romanos, pero cuya huella aún es visible en el noroeste de la Península Ibérica y en otras zonas regiones de la costa atlántica. Es 'El legado del celta', una película documental que ya se distribuye en varios países europeos.

sábado, 13 de agosto de 2011

Encuentro de los "Amigos de la Cultura Celta" en Narón: Intervención de José Cerdeira

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Intervención de José Cerdeira

Queridos Amigos da Cultura Celta, que vindes a ser todos vos, boas tardes:

Preguntarédesvos que quén eran e de onde viñan os celtas.

Din algúns peritos na materia que os celtas viñeron de Escitia seguindo o Danúbio azul. Despois cruzaron os Alpes e os Pirineos como un Contador calquera e establecéronse en Iberia. E pode ser. En todo caso, debéronse perder pola meseta castelán porque, o que é por aquí, non andan.

Outros, non menos sabios, pensan que os celtas chegaron as Rías Baixas por mar, procedentes de esa lonxana Escitia. Pero estes celtas míticos non progresaron moito pois, parece ser, que se quedaron en Vigo xogando ao fútbol.

Pero, a verdadeira orixe dos celtas évos moi outra.

Os celtas naceron aquí, a un lado de Lalín, onde, según Pepe Crespo, está o kilómetro cero de Galicia e do mundo.

E este secreto era secreto… Hasta que veu o Andrés Pena e contoullo a todos.

Pois ben, como sabe Andrés, o primeiro celta foi fillo de unha galega… E non tivo pai, pois ao princípio, o pai… era o vento.

Según din, esta galega de Lalín, tras ler ao Padre Sarmiento, viaxou hasta o monte Seixo en busca da "herba leboreira". E, de acordo con Carlos Solla, que é natural da zona, a boa muller pasou tres veces pola “porta do alén” tratando de falar cos seus mortos. Neso, doulle un aire do norte e, ¡ei vai!, quedou preñada.

Sí, ésta foi a verdadeira orixe dos celtas. Logo, co tempo, expandíronse por toda Galicia, de Escocia a Cabo Verde, de Varsovia a Buenos Aires, e por todo o orbe coñecido e descoñecido…


Bien, éste era el comienzo de la loca historia de los celtas que nuestro particular Breogán, Enrique Santín, nos tenía preparada para hoy. Lástima que los varios milenios que cuelgan de sus blancas barbas le hayan impedido estar aquí con nosotros e ilustrarnos con su humor y su sabiduría.

………

Ciertamente, no todo en Galicia es celta. Pero la cultura celta es una parte muy importante de Galicia. Sobre esa cultura ancestral y misteriosa se construyó nuestra identidad. Hoy llevamos sangre de aquel extraño conglomerado que era el Imperio Romano, llevamos sangre germánica, magrebí, europea, traída por el Camino de Santiago; y tanto la religión de nuestras tierras como estas lenguas que hablamos aquí, hoy, vinieron con Roma.

Pero detrás de esas evidencias, cuando uno mira el fondo del alma gallega, parece adivinarse un poso, un misterio, un algo que nos identifica como pueblo. Las morriñas, las viejas retrancas, las santas compañas que nos ponen en contacto con el más allá… Todo parece ser inherente a esa alma gallega, más allá del espeso barniz de culturas más recientes.

Por eso, pensamos que conocer el mundo celta es conocernos a nosotros mismos y es abrir la puerta que permita explicarnos a los demás.

En el subtítulo de nuestro Blog de la EOV, hablamos de “una ventana abierta al mundo de la galleguidad”. Nosotros queremos explicar Galicia. Queremos abrir los corazones del mundo hacia lo nuestro. Y queremos generar el interés suficiente para que el mundo venga a Galicia y lo vea.

Pero nosotros, como mortales, necesitamos alimentarnos material y espiritualmente. Por eso hemos venido aquí en búsqueda de la sabiduría, en busca del contacto con la madre tierra. Nosotros, como hacían los “selos”, aquellos sacerdotes del oráculo de Dodona que dormían desnudos sobre el suelo para aumentar el contacto con Gea, la madre tierra y la fuente de todo conocimiento, también queremos fundirnos con la madre Galicia para recibir de ella los conocimientos y las fuerzas con que volver a nuestra lucha cotidiana. En ello estamos.

Gracias por formar parte de esta Galicia querida y por cuidar del antiquísimo acervo cultural que forma su alma inmarcesible. Gracias, de verdad, a todos.

viernes, 12 de agosto de 2011

La loca historia de los celtas contada por el propio Breogán

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Y allá, al fondo, Irlanda.


Muchos me reconoceréis porque durante casi 40 años he estado con vosotros transmitiéndoos la antigua y sabia filosofía de vuestros ancestros, la de los celtas misteriosos, la de los antiguos druidas, la de los viejos dioses.

Sí, éste que veis aquí, de luengas barbas, no es otro que vuestro señor Breogán, el antiguo dueño de este verde fogar brigantino.

En aquellos añorados capítulos de la EOV fuimos desgranando tanto axeitadas teorías científicas como  grandiosas teorías disparatadas.

Y todas nos interesaron, porque donde surge el debate surge la tormenta, y de ella los rayos, y por tanto, la luz.

Muchos me preguntáis, ¿pero de dónde provienen los celtas? Y hoy os lo voy a contar:

Los más excitados dicen que provenían de Escitia[1]. Y puede ser.

Habrían llegado por mar hasta las Rías Baixas acompañados de Brath, mi padre. Allí descubrieron el placer de dar patadas a cualquier cosa con forma de pelota mientras correteaban en pelotas y cantaban la rianxeira[2].

Menos mal que mi padre Brath les regaló unas bragas[3] con las que tapar sus vergüenzas.

Estos celtas de Vigo nunca llegaron a ninguna parte y ahora los turcos[4] del norte les llaman portugueses[5].

Otros piensan que los celtas llegaron por tierra, siguiendo el Danubio azul…

…y luego los Álpes y los Pirineos como un Contador cualquiera.

Así se habrían extendido por casi toda la Iberia, pero nunca debieron llegaron a Galicia pues aquí no los ha visto nadie.

La verdad, amados hijos, es muy otra. Los celtas nacieron aquí, a un lado de Lalín, donde, según dice Pepe Crespo[6], está el kilómetro cero de todos los célticos caminos.

Hasta hace poco, este secreto era secreto… pero luego vino Andrés Pena[7] y se lo cotó a todo el mundo.

Desde Lalín, como él bien sabe, se dirigieron a Lugo, a hacer un Tedeum de acción de gracias en honor de su dios Lug por haberles permitido nacer en Galicia.

Sabido es que nadie podía renegar de Lug so pena de convertirse en apóstata, por eso, los celtas de entonces siempre decían “soy de Lug y no lo niego”.

Con el tiempo, los celtas se fueron expandiendo por toda Galicia: de Escocia a Cabo Verde, de Varsovia a Buenos Aires[8], y por el resto del orbe conocido y desconocido.

Claro que unos pocos decidieron quedarse en Galicia, y se fueron hacia el noroeste, hacia Brigantia, donde construyeron una torre, tan famosa que acabó por llenarlo todo de turistas.

Y acabaron tan artos, tan artos, que todos los llamaban ártabros.

Otros se fueron hacia Ourense, donde encontraron ouro suficiente como para comprar todas las vides de Ribadavia.

Una pena, porque con tanto vino, perdieron su identidad y acabaron creyéndose judíos[9].

Así pues, los celtas ocuparon toda Galicia salvo, si acaso, dos pequeños recunchos:

Uno llamado Pontevedra, ya que sus habitantes sólo estaban interesados en su relación con los cultos helenos, finalmente llegados de Troya al mando del valiente Teucro[10];

Y el otro Ferrol, donde era imposible entrar sin ir disfrazado de guardiamarina.

En todo caso, los celtas no tenían padres[11].

Y eso no significa que nacieran de la tierra, o cayeran de los árboles, como aquellas famosas razas de Hesíodo, no.

En realidad, la madre del primer celta fue fecundada en el monte Seixo[12].

Hasta allí se había desplazado desde Lalín en busca da herba leboreira, tras leer al padre Sarmiento.

Según nos contó Carlos Solla, natural de la zona, la buena mujer pasó tres veces por la “Porta do Alén” tratando de hablar con sus muertos y, en ese momento, le dio un aire del norte y ¡zas! quedó embarazada.

Como cabe deducir, la cultura celta era matriarcal, y las mujeres sólo tenían a los hombres como objeto de placer.

Y ellos, cuando no estaban cumpliendo con sus obligaciones, se entretenían dándose patadas y puñetazos unos a otros, mientras se agarraban de los apéndices inguinales…,

…apéndices que no tuvieron nombre hasta que llegaron los suevos.

Pero de tanto no hacer nada, se multiplicaron hasta que se convirtieron en una pesada carga.

Ante tal problema, las mujeres se reunieron y decidieron mandar una embajada a la parte norte de Anatolia, para investigar[13].

De allí volvieron con unos herreros que sabían hacer espadas baratas, aunque de no muy buena calidad.

Fue la solución, pues con el conocimiento del hierro y las nuevas armas, los hombres podían hacer la guerra como dios manda y despanzurrarse a placer.

Ello supuso un gran avance para la humanidad.

Bueno, y me preguntaréis, pero ¿quién fue en realidad Breogán?

Yo fui uno de aquellos que desde Lugo se dirigieron a Brigantia.

Sí, allí construí la famosa torre, y la construí pensando que desde allí podría ver Buenos Aires.

Pero fallé.

De hecho, sólo mi hijo Ith, tras tomarse una extraña pócima fermentada que le había enviado un primo de Ribadavia, consiguió ver Irlanda.

¡Nunca la hubiera visto!

Aficionado a aquellos extraños brebajes acabó por marcharse hacia el norte y allí lo mataron.

Claro que Ith no fue solo. Ya entonces las excursiones hacia el norte eran frecuentes, bien buscando merluzas por la zona del Gran Sol[14] bien buscando territorios a los que emigrar… perdón, conquistar.

Fue así como descubrimos Eriuland, y fue allí donde mataron a mi hijo.

Bueno, como era costumbre entonces, yo tuve muchos hijos y muchos nietos, tantos que se me acabaron los nombres.

Así pues, al  último tuve que llamarlo Mil.

Él fue quien organizó la expedición de los milesios para vengar la muerte de mi hijo Ith, conquistando la isla que hoy se llama Irlanda.

Pero no quedó muy contento de la conquista, pues nos escribió diciendo que “para comer sólo patacas e andar sempre mollado... ¡mellor haberme quedado en Galicia!”.

En todo caso, y por su valentía, a mi nieto lo llamaron por allí “Mil de España[15]”, refiriéndose, claro está, a “Mil de Galicia”.

Y fue bueno que hubiéramos conquistado Irlanda, tanto que, cuando aquel Bruto[16] general romano, con hojas de laurel en la cabeza, consiguió cruzar el Río del Olvido[17] y empezó a empujar a los gallegos hacia el mar, muchos celtas optaron por el mar tenebroso hasta conseguir dominarlo y llegar a Buenos Aires.

Por cierto, los celtas de Buenos Aires los recibieron como hermanos.

Legiones y más legiones, romanos y más romanos, no consiguieron borrar nuestras señas de identidad, grabadas en lo más recóndito de la intrincada geografía gallega, y el aguerrido espíritu celta pervivió en esta tierra.

Y es que, como nos sugiere Pondal en nuestro Himno, “yo Breogán, aunque viejo y algo dormido, sigo señoreando este antiguo meu fogar[18].

Ya sé, ya sé, los más adictos a Belén Esteban querrán saber si los celtas eran rubios o morenos, altos o bajos, y de todo había en la viña del señor Breogán.

Y los admiradores de Cunqueiro querrán saber si la vieja retranca gallega era ya patrimonio de los celtas.

Pero yo, aquí, no puedo deciros ni sí ni no, sino todo lo contrario, pues por un lado ya lo veis y, por otro, qué queréis que os diga.

Muchas más cosas os podría seguir contando y todas dignas de confianza, aunque mi milenaria memoria empieza ya a fallarme.

Ya decían mis nietos cuando les contaba estas historias: “sí, sí… Santa Lilaina pareu por un dedo, pode ser verdade, pero eu nono creo[19]”.
          
© Breogán de Brath, 2011


[1] Origen clásico de los celtas.
[2] Himno extraoficial del Celta de Vigo
[3] Prenda introducida en Occidente por los celtas
[4] Nombre que los seguidores del Celta dan a los seguidores del Depor.
[5] Nombre que los seguidores del Depor dan a los seguidores del Celta.
[6] Alcalde de Lalín, famoso por su defensa de que Lalín está en el km. Cero de Galicia.
[7] Defensor del origen galaico de la cultura celta.
[8] Según la Inciclopedia: Galicia es un imperio sito en el noroeste de la Península Ibérica, que limita al norte con el Océano Glacial Ártico, al sur con el Mar Océano, al oeste con Redmond y al este con Asturias y el resto de  España.
[9] Véase “Los judíos de Galicia”, de J.R. Ónega
[10] Los helenos dieron a Pontevedra el sobrenombre de “Bella Helenes” y en el frontispicio de su ayuntamiento figura la leyenda: “fundóte Teucro valiente...”
[11] Los primeros celtas, como muchos otros pueblos antiguos, no eran conscientes de la necesidad del hombre para procrear.
[12] Plinio nos cuenta que las yeguas del Seixo quedaban preñadas tras exponerse al viento del norte.
[13] Origen de la cultura occidental del hierro, traída por los celtas.
[14] Del caladero del “Gran Sol”, situado al oeste de Irlanda, procede la mayor parte de la merluza gallega.
[15] “Mil de Spagne” con el significado probable de “guerrero ibérico”
[16] Se refiere a Décimo Junio Bruto
[17] Identificado con el Limia, un río que nace en el monte Talarión, en Ourense, da nombre a la comarca de “Limia” y desemboca cerca de Viana do Castelo, en Portugal. Se indentifica con el infernal río Leteo, donde, según Virgilio, las almas que lo cruzaban perdían la memoria. Los soldados de Décimo Junio Bruto se negaban a cruzarlo por miedo a que se cumpliera el mito.
[18] Es falso, en ninguna parte del himno se dice eso, pero quizá se intuye.
[19] El dicho pertenece al acervo del Camino de Santiago, y suele decirse así: Santa Quiteria parió por un dedo; podrá ser verdad pero no me lo creo.

jueves, 11 de agosto de 2011

San Andrés de Teixido: Francisco Cal hace la invocación a San Andrés

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Glorioso San Andrés:

Acudimos a tu Santuario para transmitirte nuestro saludo y devoción y compartir contigo unos momentos de recogimiento.

Tú has tenido el privilegio de haber sido el primer Apóstol llamado por Jesús, incluso antes que tu hermano Simón. Por eso en la liturgia griega te denominan el Protocletos  que significa “el primer llamado”. A pesar de tu veteranía en el Colegio Apostólico, tu profunda humildad no ha querido que tuvieses un protagonismo como muchos de los otros Apóstoles, siendo uno de los menos mencionados en los Evangelios.

Este Santuario, a ti dedicado, aunque no es una catedral como la de tu colega Santiago o la dedicada a tu hermano Simón Pedro en el Vaticano, es humilde como tú lo desearías, reflejo de tu admirable virtud; pero es el Santuario dedicado a un Apóstol más próximo al Finisterre europeo, que en su época se consideraba el fin de la tierra; es decir “o cabo do mundo”.

Glorioso San Andrés: Tu fama de santidad ha sido reconocida en todo el orbe cristiano. Eres patrono de Rusia, de Rumanía, de Escocia, de Grecia y de importantes ciudades. En Galicia, más de 70 parroquias figuran bajo tu advocación. La presencia de tu reliquia en este lugar, no es fruto de la casualidad. Quizá sea una gracia del Maestro “al primer elegido” para que, ya que no pudiste llegar de vivo, lo hicieras de muerto” (al menos una parte de tu cuerpo) y que tu afán de apostolado permanente llegase también a este zona, en los confines del mundo entonces conocido.

Te rogamos Santo Apóstol que intercedas por nosotros y que podamos repetir la visita a este bello lugar que lleva tu nombre. No es que temamos tener que venir de muertos por no haberlo hecho de vivos, como dice la leyenda. Nosotros deseamos volver de vivos cuantos veces nos sea posible y recibir las gracias que, por tu intercesión, se conceden en este santuario a ti dedicado.

Tras esta primera visita, nos despedimos de ti, rememorando la dedicación especial de la Orden de Jerusalén, que en el siglo XII protegía el monasterio aquí ubicado. Hoy, esta humilde Orden de la Vieira, que tiene vocación peregrina y, a lo lago de sus 44 años de existencia, ha celebrado capítulos extraordinarios, cada año Santo Compostelano, en Santiago y además en Río de Janeiro, en México, en Nueva York en 1994 y 2008, en Buenos Aires, en Lisboa, en la Ciudad del Vaticano, en Roma, y en Galway, en un acto de confraternización con el mundo celta, y pronto lo hará en la capital tu Israel natal, en Jerusalén, hoy repito, esta humilde y peregrina orden se postra ante ti, para transmitirte el abrazo garimoso de cerca de dos mil “cofrades da Orde”, “expallados” por 22 países de 3 continentes.

Somos una muestra de la Galicia de la diáspora, para la que pedimos, en estos difíciles momentos, tu especial bendición.